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El politólogo y exdirigente de Podemos Juan Carlos Monedero ha afirmado este domingo en Santander que la discusión interna en el partido de Pablo Iglesias "se ha terminado", gracias a un PSOE que "se ha quitado la careta" y ha decidido "abstenerse y dar el Gobierno al PP de la corrupción".

Monedero ha descartado de esta forma que todavía sea posible un gobierno alternativo. Aunque ha asegurado que Podemos no se plantea romper los pactos autonómicos con el PSOE. En su opinión, esta cuestión "se ha magnificado" porque "realmente no está en discusión". "No está encima de la mesa romper esos gobiernos porque nadie lo entendería", ha apostillado.

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Pocos gestos políticos como el de Felipe González y sus barones echan tanta luz sobre la impostura de estos trepadores. Defiende sus privilegios como la nobleza antigua, y serían capaces de todo con tal de que las alfombras no fueran levantadas.

En una decisión de consecuencias trascendentales, la cúpula del viejo PSOE, ajado y desconectado de cualquier posibilidad de cambio, ha apostado por Rajoy y el partido más corrupto que conoció España en su historia. Lerroux, político chanchullero y símbolo de la maniobra y el chalaneo, cuyo Gobierno cayó durante la II República por una chorrada de maquinita de juego conocida como straperlo, era un caballero con botines al lado de estos saqueadores del Estado.

Ángel Arcos Bergnes relata en el capítulo 15 del libro “Evocando al Che”, lo expresado en una reunión por el Comandante y entonces Ministro de Industrias, Ernesto Che Guevara, en relación a las cualidades a tomar en cuenta para ser militantes del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC): “Señores, los buena gente no son buenos revolucionarios. Los buena gente, señores, son los que dejan hacer y deshacer, los que no exigen, los que no discuten los problemas, los que no controlan, los que no depuran las responsabilidades, los que les importa lo mismo cumplir como no cumplir, los que no les duelen los problemas, los que no les duele el hígado cuando algo sale mal, los que no chocan con lo mal hecho; ésos, señores, son los buena gente. Y los revolucionarios son los que al revés de los buena gente, discuten, controlan, depuran, cumplen, tienen responsabilidad, sensibilidad, les duelen todos los problemas y cuando ven algo que no está bien hecho les duele el hígado, esos, señores son los revolucionarios”. Es raro que muchos de los nuevos revolucionarios tengan presente esta realidad en su accionar cotidiano y traten de no parecerse demasiado a lo que Che llamara “buena gente”, pero más paradójico aún es que esta “buena gente” sea la encargada de representar, definir y conducir una revolución desde las instancias de gobierno que ocupa.

Hoy 5 de octubre, Amigos de la Tierra lanza la campaña #DoylaLata con el fin de mostrar uno de los problemas más habituales en la gestión de residuos. A lo largo de estas semanas, los grupos locales de la organización están realizando recogidas para visibilizar el abandono de residuos. La campaña también tendrá eco en las redes sociales a través de una foto-acción, en la que invitan a la ciudadanía a participar para visibilizar este problema en diferentes zonas de nuestra geografía.
La generación ingente de residuos y su tratamiento posterior es una de las problemáticas comunes en todos los municipios españoles. El 67% de todos los residuos municipales van a parar a los 149 vertederos o a las 10 incineradoras repartidos por el Estado [1]. Encontrar soluciones eficaces para cada tipo de residuo es uno de los retos pendientes de las comunidades autónomas.

Contra el ecofascismo
 
No se trata de volver al milenarismo, ni a los tiempos de las negras profecías. Sucede, más bien, que nos estamos habituando a que los mensajes tachados de apocalípticos por los gendarmes del sistema, caigan en el más absoluto de los olvidos, cuando no de las burlas de los guardianes de las esencias neoliberales. Sólo hay que echar un vistazo a cualquiera de los discursos de Donald Trump, que se postula como presidente del país más poderoso del planeta, para corroborarlo. Por ello trabajos como El Colapso, de Carlos Taibo (Los Libros de la Catarata) no suelen ser objeto de excesiva publicidad, más allá de la que sus propios lectores realizan, fundamentalmente en las redes.